Listín Diario
Las múltiples leyes, recursos y planes decenales, ¿han mejorado la educación dominicana?
RESUMEN DEL ARTÍCULO
La reciente creación de una comisión oficial para la "Transformación Educativa" en República Dominicana, mediante el Decreto 309-26, ha reavivado el debate sobre la efectividad de las políticas aplicadas al sector. El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) lidera esta iniciativa, aunque persiste una confusión semántica entre los conceptos de "transformar" y "revolucionar" la educación, lo que refleja enfoques divergentes sobre cómo abordar los problemas estructurales del sistema.
PUNTOS IMPORTANTES
El análisis crítico del proceso sugiere que las transformaciones previas han sido meramente graduales y superficiales, similares a ajustes de mercado que no atacan las causas profundas del fracaso educativo. En contraste, una verdadera revolución educativa implicaría eliminar las "relaciones sociales de producción" (RSP) que perpetúan la ineficiencia y la corrupción, permitiendo que ciertos actores se beneficien económicamente del sistema sin generar mejoras reales en la calidad.
El artículo cuestiona la utilidad de crear nuevas leyes o planes decenales cuando la corrupción y los intereses creados han neutralizado los esfuerzos anteriores. Se menciona que, a pesar de inversiones significativas como el 4% del PIB para educación, la gratuidad del transporte y la alimentación escolar, los indicadores de calidad siguen retrocediendo. La cantidad de recursos no se ha traducido en resultados académicos positivos.
Como contexto histórico, se recuerda que desde la década de 1970 se han realizado diagnósticos y congresos, como el "Plan Decenal de Educación" de 1992, sin que se lograra un cambio sostenible. La recurrencia de estos esfuerzos fallidos evidencia que el problema no es normativo, sino cultural y estructural, arraigado en prácticas que benefician a una minoría en detrimento del estudiantado.
Las consecuencias de esta parálisis son evidentes: la calidad educativa dominicana continúa su retroceso, a pesar de los múltiples intentos de reforma. El escepticismo ante la nueva comisión es alto, pues sin un cambio cultural profundo y la eliminación de las RSP que obstruyen el progreso, cualquier nuevo plan corre el riesgo de repetir los fracasos del pasado. La pregunta central que queda en el aire es si el país está dispuesto a dar el salto de la transformación a la revolución educativa.