Listín Diario
El Mundial contra los extremistas
RESUMEN DEL ARTÍCULO
El futbolista alemán Deniz Undav, de origen kurdo yazidí, se convirtió en héroe nacional tras anotar dos goles decisivos que dieron la victoria a su selección frente a Costa de Marfil. Su actuación no solo emocionó a los aficionados, sino que también desafió los estereotipos sobre la apariencia de un ciudadano alemán, demostrando que el talento y el compromiso trascienden las diferencias étnicas.
PUNTOS IMPORTANTES
Undav y sus compañeros representan un ejemplo vivo de cómo personas de diversos orígenes pueden integrarse en un proyecto común que genera orgullo colectivo. Esta realidad contradice las narrativas tanto de la extrema derecha, que rechaza la inmigración, como de ciertos sectores de la izquierda, que suelen menospreciar el patriotismo. La selección alemana encarna la posibilidad de combinar amor por el país con la aceptación de los recién llegados.
El fenómeno no es exclusivo de Alemania. En el Mundial, equipos multiétnicos compiten ante miles de millones de espectadores, y la mayoría de los candidatos al título cuentan con jugadores de segunda o tercera generación de familias inmigrantes. Esta diversidad, unida a manifestaciones de patriotismo, contradice el discurso de los extremos políticos que insisten en su incompatibilidad.
En muchos países industrializados, el temor a la inmigración y la pérdida de identidad cultural se ha normalizado. Encuestas recientes muestran que entre el 45 % y el 53 % de ciudadanos en naciones como Reino Unido, Francia, Alemania e Italia apoyarían prohibir nuevas llegadas y repatriar inmigrantes. Este cambio es drástico respecto a hace una década, cuando la opinión pública era más receptiva hacia los refugiados.
Por otro lado, la izquierda ha adoptado un enfoque que ve a Occidente como villano y desprecia el patriotismo. Encuestas en Estados Unidos indican que el orgullo extremo de ser estadounidense entre simpatizantes demócratas cayó del 60 % al 22 % entre 2000 y 2019. Esta pérdida de identidad compartida dificulta políticas que apoyen a los sectores más vulnerables, como los trabajadores sin título universitario.
Aunque el deporte no es un reflejo perfecto de la sociedad, el Mundial confirma que la integración étnica y el orgullo patriótico no son excluyentes. La mayoría de los aficionados experimentan ambas cosas al ver a sus selecciones multiétnicas. Si los extremistas dejaran de lado sus prejuicios, descubrirían que esta combinación suele ser gan